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Fundación Apoye extiende mano solidaria en Urabá

En la vereda Yarumal, de Turbo, sólo se habla de la dieta del mango. En las últimas semanas se ha comido tanto, que ya los niños los ven tirados en las calles y en vez de cogerlos, los chutan o juegan a la pelota con ellos.

 

Es que mango al desayuno, mango al almuerzo, mango a la comida y hasta en la merienda, termina por hastiar al más enamorado de la fruta.

 

Pero no hay nada más para comer porque tampoco hay plata para comprar. Les ocurre así desde hace veinte días, cuando una creciente del río Turbo trajo una empalizada (avalancha de troncos) que arrasó 150 hectáreas de cultivos de plátano, además de las viviendas y plantaciones de coco, yuca y pancoger de cerca de 70 familias. La arena que queda entre las plantas mata automáticamente las que quedan en pie.

 

Los únicos que resistieron la fuerza arrasadora de la corriente fueron los palos de mango, que estaban en cosecha y todo el día derraman centenares de frutas.

 

"Ya plátanos no crecen, cuando cada familia teníamos entre dos y tres hectáreas", narra Obaldo Rivero , un campesino que perdió tres hectáreas y es el líder que lucha para que a esta comunidad no la olviden.

 

Su brega ha dado frutos, pues gracias a su gestión y a la de otros habitantes de su comunidad logró que el padre Francisco Leones , de la Pastoral Social de Urabá, supiera su drama y se lo diera a conocer a la fundación Apoye, que pese a tener asiento en Medellín, decidió auxiliar a las comunidades golpeadas por el invierno en la zona bananera.

 

En total, son 23 las veredas a las que esta fundación, nacida en el seno de la Arquidiócesis de Medellín, les está dando asistencia sicosocial y económica para hacerles más llevadera su tragedia.

 

Las comunidades beneficiadas pertenecen 5 al municipio de Mutatá, 7 a Necoclí y 11 a Turbo. Todas con dramas similares a los de Yarumal, también conocida como Bocas del Río Turbo que, debido al grave estado de sedimentación que sufre hace varios años, se crece al menor aguacero y termina anegando los cultivos.

 

En los últimos siete años, dice el líder comunal Ricardo Padilla , los ha inundado 52 veces. De todas tiene registro, pero la más grave, para él, fue la de los días 11 y 12 de mayo pasado, cuando los dejó prácticamente en la ruina.

 

Alianza en la calamidad


En Urabá el drama es tan grave, que algunas familias están hace dos años en alojamientos temporales. Ocurre en el sitio 7 de Agosto (Turbo), donde hay 23 pertenecientes a Yarumal y a La Arenera. Y se habilitan otros 40 refugios para más familias afectadas.

 

Y es allí donde Apoye aparece para darles alivio y hacerles sentir a estas comunidades que no están solas. Que el Estado, así se vea lento, trabaja en la solución.

 

En los últimos meses esta fundación logró una alianza con Colombia Humanitaria para buscar soluciones integrales. De un lado, en asocio con las alcaldías, se trabaja en el tema de las viviendas. Y del otro, con entidades privadas y estatales de la zona, aborda aspectos como la cultura, lo sico social, lo cultural, el empleo y el emprendimiento como una manera de que ellas mismas salgan adelante.

 

"Lo cultural es importante porque estas comunidades tienen mucho arraigo en este sentido y para buscarles soluciones a sus problemáticas hay que tenerlas en cuenta", expresa Ignacio Roldán , director ejecutivo de Apoye, que reunió a los líderes de las comunidades damnificadas en Apartadó, donde Colombia Humanitaria, las fundaciones bananeras y otras instancias escucharon sus inquietudes y les explicaron lo que se está haciendo para sacarlos del drama.

 

"La manera como se halle la solución no es posible sin el compromiso de ustedes, de respetar el medio ambiente y trabajar solidariamente", les dijo Javier Ignacio Molina , de Colombia Humanitaria.

 

El Icbf, el Sena, la Cruz Roja, las fundaciones de las empresas bananeras, así como Augura, buscan mancomunadamente asistir y promover el desarrollo de estas veredas afectadas por el invierno.

 

En total, son 1.500 las familias a las que Apoye les está brindando acompañamiento y ayuda.

 

No caben todas


El padre Francisco Leones , por ser ampliamente conocedor de la situación en toda la región, fue quien asesoró a Apoye para elegir las comunidades beneficiadas. Él agradece que se haya tenido en cuenta a Urabá para llevar esa alianza Iglesia-Estado-empresa privada en beneficio de los que más sufren.

 

"Hubo que escoger a las más afectadas, pero obvio que se quedan muchas comunidades por fuera. Son personas que lo perdieron todo y a las que estamos acompañando y a la vez tratando de trabajar lo espiritual para que no pierdan la fe", manifestó el religioso.

 

Una tarea nada fácil a sabiendas de la ruina en que están tantas familias.

 

"Yo estoy viviendo con el padre, el hijo, el Espíritu Santo, un gato y tres pollitos", apunta Rafael Torres , un viejo de 72 años que tuvo que mandar a su esposa y sus hijos para el pueblo y quedarse en el raído rancho de Yarumal tratando de restablecer su cultivo de plátano arrasado.

 

Es el ejemplo vivo de la inmensa necesidad que sufren los damnificados de esta región, que claman por un dragado del río para, al fin, poder seguir en sus tierras cultivando y no quedarse casi de mendigos en alojamientos que, siendo creados para ser temporales, se van volviendo moradas eternas, refugios de miseria, hacinamiento y olvido, que es lo que quiere evitar la fundación Apoye.

 

 

GABRIEL SUFRE EL SEGUNDO EXILIO

1.500 familias de 23 veredas de Urabá se benefician con la obra de Apoye.

 

 

LA MICROHISTORIA


GABRIEL SUFRE EL SEGUNDO EXILIO

A Gabriel Miranda la tragedia no lo suelta. Padre de tres hijos, en la pasada creciente perdió sus 3 hectáreas de plátano. De nuevo quedó en la calle, como hace diez años, cuando un grupo armado se apoderó de siete hectáreas del mismo cultivo que él tenía junto a las playas del Caribe, en el municipio de San Juan de Urabá. No tiene mucha fe en poder recuperar esas tierras y hoy, en el alojamiento del 7 de Agosto, echa cabeza a ver cómo reconstruye su vida.

 

 

PARA SABER MÁS


LAS CUENTAS TRISTES DE LOS CULTIVADORES DE PLATANO

Para cultivar una hectárea de plátano, incluyendo los canaletes entre las matas, un campesino debe invertir cerca de 10 millones de pesos. De la hectárea, en cosecha, se pueden sacar hasta 30 cajas de plátano cada 8 días. Una caja se puede vender en 18 mil pesos y trae cerca de 75 plátanos. Son las cuentas que hacen los campesinos de Yarumal. Cuentas nada alegres, más bien tristes, pues acaban de perderlo todo.
 

FOTO DONALDO ZULUAGA


Fuente de la nota: http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/F/fundacion_apoye_extiende_mano_solidaria_en_uraba/fundacion_apoye_extiende_mano_solidaria_en_uraba.asp


 

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