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Proyectos ejectutados

Proyectos para el Fortalecimiento de la Convivencia: Contextualización y Fundamentación

CONTEXTO DE LA ZONA DEL PROYECTO

 

La ciudad se ha dividido en 16 comunas en su casco urbano y la Comuna 13 es una de ellas, situada en la parte alta de la zona centro-occidental de la ciudad. Está conformada por 31 barrios, su población total es de 134.472 habitantes. La distribución de población por género es de 58.983 hombres y 73.250 mujeres y el 53% de la población pertenece a los estratos 1 y 2.

 

Un diagnóstico realizado, arrojó información sobre algunas condiciones socioculturales particulares de la zona (comprendida por los barrios Independencias I y II, El Salado y Nuevos Conquistadores, los cuales cubren un área de 545.295 m2) que podrían afectar directa o indirectamente el proyecto. Adicionalmente se tuvo en cuenta el barrio Antonio Nariño.

 


RESEÑA HISTÓRICA DE LOS BARRIOS

 

Barrio El Salado:
El barrio El Salado, de acuerdo con testimonios de sus habitantes, fue fundado desde comienzos del siglo pasado aunque algunos hablan de su existencia desde el siglo XVIII. Entre el ancestro agrario y la lógica de la ciudad, combinaban el cultivo de la tierra y el trabajo del barro para mejorar sus viviendas y para el intercambio comercial con la ciudad.

 

Esta práctica se difundió entre muchas familias, que aprovechando fuentes de barro, se desempeñaban como alfareras. Los productos que obtenían, materas y alcancías, los vendían fuera del sector, especialmente en el corredor de la calle San Juan, contribuyendo a integrar el barrio con el centro de la ciudad. Cabe anotar que esta misma avenida comunicaba con la plaza de mercado de Cisneros, donde vendían junto a los objetos de barro, productos agrícolas procesados y sin tratar como era el caso de las frutas desamarradas.

 

En 1931 surge un tejar, donde la producción pasa de ser una práctica familiar a establecimiento empresarial. Actualmente y dados diferentes factores desestimulantes del trabajo artesanal del barro (como la baja demanda, la imposibilidad para competir con innovaciones tecnológicas, la pérdida de fuentes de barro y problemas de contaminación) muy pocas personas persisten como alfareras.
Una experiencia común para los habitantes de El Salado ha sido su participación en la construcción de tres iglesias en la zona. En 1946 la iglesia de la Virgen del Carmen de San Javier, luego la iglesia Las Bienaventuranzas del barrio 20 de Julio y finalmente la Divina Pastora del barrio El Salado.

 

En 1959 se inicia la Junta de Acción Comunal que emprende la lucha por el servicio de acueducto. El compromiso social de las religiosas de la Presentación que llegaron a El Salado, imprimió una dinámica colectiva de participación que estimuló el trabajo artístico y juvenil. En 1971 la Junta de Acción Comunal inició un proceso que duró toda la década para la consecución del alumbrado público, la canalización de la quebrada La Salada y la construcción de puentes y escalas.

 

Una obra a destacar fue la construcción de la Escuela Pedro J. Gómez, que fue posible gracias al esfuerzo compartido de la comunidad de El Salado y los docentes del momento, dentro del cual el "desfile del adobe" fue una iniciativa original para la recolección del material.

 

Barrio Las Independencias y Nuevos Conquistadores
El segundo momento en la vida de estos barrios se da entre los años 1978 y 1980, con la conformación de los asentamientos que posteriormente se denominaron Las Independencias 1, 2 y 3 y Nuevos Conquistadores, constituyéndose en parte de los 21 asentamientos establecidos en el Valle de Aburrá originados en una migración con carácter de invasión masiva y heterogénea.

 

Las laderas (terrenos baldíos o fincas desocupadas) próximas al barrio 20 de Julio fueron ocupadas por familias campesinas y pobladores pobres de la ciudad, cuya situación económica les impedía pagar arriendo en otras zonas. El primer poblamiento de la ladera contigua a El Salado, se inició el 19 de abril de 1978 (Nue-vos Conquistadores); el segundo, el 1 de mayo de 1979 (Inde-pendencia I); y el tercero el 8 de marzo de 1980 (Independencia II).

 

Barrio Antonio Nariño
Cuenta con ocho mil habitantes aproximadamente y con caracte-rísticas similares a los otros barrios que cobija el proyecto, o sea estratos 1 y 2. Por su topografía, el barrio tuvo a nivel recreativo y deportivo, la posibilidad de construir una unidad deportiva donde se realizan torneos que sirven a su población para el esparcimiento y el fortalecimiento de relaciones sociales. También cuenta con un parque infantil y una biblioteca construida por la misma comunidad, todo esto al momento, con necesidad de realizar mantenimiento pero sin recursos para hacerlo.


En el ámbito educativo, se encuentra la Escuela Carlos Vieco y la Juan de Dios Aranzazu, que cobijan la mayor parte de la población infantil; los demás niños acuden a las escuelas de los barrios vecinos.

Se destaca en este barrio, la construcción de un centro de mediación y solución de conflictos, al servicio de la comunidad y ubicado al lado de las instalaciones de la biblioteca.

 

En cuanto a salud, se sirve al igual que los otros barrios de la comuna 13, de la Unidad Hospitalaria de San Javier. Cuentan con mejores vías de acceso porque tienen mejor planificación y menos laderas.

 

Esta población no cuenta con proyectos productivos grandes; tiene unas pocas microempresas de confecciones, una fábrica de tenis y otras pocas de refrescos empacados en bolsas plásticas, denominados bolis. Pero a diferencia de los otros barrios, no ha tenido nunca un proceso organizativo de producción ni posee trabajo de red. También se destaca la presencia de algunos talleres de bisutería del cual derivan su sustento algunas mujeres.

 

GÉNERO Y FAMILIA
La jefatura de hogar es ejercida en un 45% por las mujeres, muy similar a lo que ocurre en otros barrios populares de Medellín; esta modalidad crece a raíz de la viudez que dejó la ola de violencia, las separaciones, el madre solterismo y también a que los padres dejan de asumir todas o parte del rol que culturalmente se les asigna como padres de familia y en particular como proveedores. Las jefas de hogar se sienten cargadas de responsabilidad, empobrecidas en su salud física y mental, pero con la firme intención de sacar sus hijos adelante a pesar de su soledad. Cuando no tienen un ingreso propio acuden a todos los servicios comunitarios disponibles.

 

Las mujeres del sector han hecho grandes esfuerzos por conseguir un lugar independiente y estable donde vivir, por lo cual han jugado un papel central en la construcción y proceso de mejoramiento de los barrios. Algunas han dejado a su pareja por desinterés para conseguir un techo propio, y se ubican con sus hijos en precarias viviendas; esta característica les da autoridad.

 

VIVIENDA
Los barrios Independencia I, II y III, El Salado y Nuevos Conquistadores, se encuentran clasificados en el segundo nivel de subnormalidad, de acuerdo con los criterios que Planeación tiene estipulados para Medellín. En general, se trata de barrios que no cumplen con todas las normas de urbanización, poseen áreas consideradas de alto riesgo, presentan servicios básicos deficitarios, viviendas construidas en materiales inestables o de desecho, familias que carecen de títulos de propiedad sobre el terreno.


ORGANIZACIONES COMUNITARIAS DE BASE
- Red de Confecciones: creada hace cinco años, agrupa 13 mi-croempresas de confección que tienen su punto de venta en el barrio 20 de Julio. Estas personas confeccionan los uniformes para las personas del sector, por lo cual tienen trabajo estable solamente durante los 3 primeros meses del año y luego se dedican a la maquila pero no lo consideran rentable ya que lo pagan a más bajo precio y aumentan los gastos de transporte, servicios públicos y tienen que comprar el hilo para trabajar.

 

Para la fabricación de uniformes una entidad crediticia les hace un préstamo solidario que luego tienen que pagar entre todas con intereses que aunque no son altos, se llevan la mayor parte de la ganancia ya que la comunidad sólo puede pagar, por ejemplo, $1.200 por la confección de una sudadera.

 

Su principal expectativa es confeccionar no sólo uniformes para vender toda clase de prendas durante el año y de esta manera acceder a mejores ingresos que de verdad mejoren su calidad de vida.

 

- Asociación de Mujeres de Las Independencias - AMI -: asocia 42 mujeres cuyo objetivo principal es el de capacitación en formación humana y crecimiento personal, para dar testimonio en sus familias y en la comunidad. No tienen presupuesto pro-pio y reciben los talleres por medio de proyectos del Municipio de Medellín - Secretaría de Gobierno o del presupuesto participativo. Les preocupa al momento, el alto índice de desempleo sobre todo en jóvenes que no alcanzan a iniciar sus estudios superiores y que pueden aceptar la oferta del conflicto que según ellas gesta una nueva incursión.

 

- Signos de la Trece - Periódico Kinésica -: creado hace dos años, conformado por una junta directiva de seis personas y con apoyo de otras ocho en lo que tiene que ver con fotografía y elaboración de algunos artículos. Creado sobre la realidad de la falta de comunicación interbarrial, tiene como objetivo hacer un periodismo de jóvenes para jóvenes con el fin que reconozcan su identidad dentro de la comuna, lo que no se facilita por la sectorización y secuelas del conflicto.

 

- Alfareras Comuna 13: En la búsqueda de datos sobre esta organización, nos encontramos con que se dio por terminada en diciembre de 2005 porque no había demanda para sus productos de barro y porque sus activos fueron donados a la sociedad San Vicente de Paúl. La anterior situación es significativa para la comuna 13 ya que este trabajo de alfarería marcó la historia de muchos de sus barrios que derivaron su sustento de dicha modalidad.


HISTORIA DE UN CAMINO
La ciudad de Medellín ha sido marcada por una historia de violencia armada, de venganza, terrorismo, desplazamientos forzados, secuestro, violencia intrafamiliar, porte ilegal de armas, robo calificado, tráfico de estupefacientes, grupos armados organizados, delincuencia común, etc. Una historia que ha llevado al deterioro del tejido social, a la indiferencia, al distanciamiento entre los grupos sociales, a la inequidad y a la violación de los derechos humanos.

 

Si se entiende la violencia como causante de dolor, sufrimiento y angustia, entonces a esa realidad social hay que hacerle el ejercicio de llevarla a un plano personal y a un contexto mucho más cotidiano donde se vive otra clase de conflictos.

 

El conflicto se define ante todo como un choque de ideas y se ori-gina en que todas las personas son distintas, cada uno tiene puntos de vista diferentes. Los conflictos pueden ser manejados a través de las vías del diálogo, la concertación, la mediación, pero también pueden ser resueltos por medio de la violencia.

 

En este sentido se puede decir que es tan violento aquel que empuña un arma para asesinar a su hermano como violento es aquel que difama del otro; tan violento es aquel que lanza granadas o pipetas de gas contra una población como aquel que lanza expresiones de insulto contra su hermano.

 

La Arquidiócesis de Medellín en su gran misión de divulgar los principios y valores de justicia, equidad y verdad ha venido desarrollando todo un proceso de acompañamiento e intervención, procurando brindar las herramientas necesarias para afrontar y manejar la realidad que se vive pero teniendo presente ante todo que la transformación de esta sociedad, el mejoramiento de la convivencia y la paz, solamente se logran por la decisión de cada persona.

 

La paz es un estilo de vida que se vive y se refleja en el diario existir y que para alcanzarla es necesario llevar al otro a descubrirla y entenderla.

 

En este proceso de alcanzar la paz , la Arquidiócesis de Medellín ha venido estructurando propuestas encaminadas al perdón y a la reconciliación y ha identificado que no puede hacerlo aislado de todos aquellos entes, gremios que se mueven en la ciudad porque cada uno desde lo que hace y promueve puede contribuir a la reconciliación.

 

Remontémonos un poco a esos inicios del trabajo de la Arquidiócesis para mirar como se ha construido este camino. Para los años 90, la Iglesia asume un papel fundamental en el conflicto: el de mediadora, articulándose y apoyando los procesos que en la ciudad se venían desarrollando cómo mesas de trabajo por la paz (cárcel de Bellavista, Mesa Área metropolitana), además es quien tenía el mayor índice de credibilidad entre la población; generándose procesos de reinserción, los primeros pactos de paz y de no agresión en las comunas con el acompañamiento de Monseñor Darío Monsalve, Obispo Auxiliar, quien propuso como modelo de concertación el movimiento NO MATARÁS (1998). Para el año 1999, aparece el programa PARE (Programa Arquidiocesano Para la Reconciliación), el cual posteriormente en el año 2000, sería el Centro Arquidiocesano para la Reconciliación. Así mismo, para el año 1999, se presenta a la par del PARE, la Parroquia Personal Penitenciaria y como metodologías fundamentales: la Reconciliación, el Proyecto Gotas (Grupos Organizados de Trabajo Asociado) y las mesas barriales de convivencia.

 

Estas metodologías aunque alcanzaron gran auge, en lo que concierne al proyecto GOTAS fracasaron, lo que llevó a la Arquidiócesis en cabeza de Monseñor Alberto Giraldo a convocar a los diferentes gremios, empresarios para analizar dicha situación y buscar otras vías que apuntaran a disminuir los índices de violencia y de desempleo, dando vida así a la Fundación Apoye, que conjuntamente con el Centro Arquidiocesano para la Reconciliación se convierte en una alianza Iglesia - laicado, la cual presentó una propuesta integral y estructurada con dos pilares fundamentales: el Perdón y La Reconciliación, en tres frentes de trabajo: Centros de formación humana: porque hay que formar al otro para devolverle su dignidad, su ser de persona; Centro Arquidiciocesano para la Reconciliación que difunde la pedagogía del perdón y la reconciliación y brinda las herramientas necesarias para que las personas sanen las heridas causadas por hechos traumáticos, de violencia o de conflicto cotidiano; la Fundación Apoye, la cual pretende disminuir los índices de desempleo, apuntando al mejoramiento de la calidad de vida de las personas que participan de los procesos de perdón y reconciliación.

 

Esta labor no se enmarca en el conflicto armado y en sus víctimas, sino que incluye a profesionales, amas de casa, religiosas, empresarios, en sí a toda persona necesitada en su vida de Perdón y Reconciliación.

 

La palabra perdón etimológicamente se define como (Pr?sopon) = individuo de la especie humana y Don?re: entregar, ceder voluntariamente su sangre. El perdón es por lo tanto: ceder voluntariamente la sangre; quien perdona, se dona y quien es perdonado, recibe la sangre de su hermano.

 

El perdón no es impunidad, no es olvidar las ofensas. La Reconciliación no es el fruto de proyectos humanos o propuestas de oficina, tampoco se llega a ella mediante leyes; nadie, ni siquiera el Estado puede hacerlo por uno mediante decretos; el Estado pedirá perdón por lo que ha hecho pero no puede perdonar por otros. El perdón es recuperar la paz interior, es desprenderse de los sentimientos de odio y resentimientos que obstaculizan la sociabilidad, el sentido de vida y la seguridad de cada individuo. El perdón es recordar sin dolor, es una acto de amor que se hace para ser feliz. Nace de la iniciativa de Dios y de la respuesta dada por cada persona.

 

La reconciliación es un proceso que se hace con otros, pero que requiere para volver a caminar juntos el perdón. Para reconciliarme necesito inicialmente haber perdonado. Reconciliación es una forma adjetivada del verbo RECONCILIAR: del Latín RECONCILIARE: (Conciliatus, conciluatus) Volver a caminar juntos. Es ante todo:
1. Volver a la amistad.
2. Atraer y acordar los ánimos desunidos.

 

Estos dos conceptos se viven y se experimentan a través del Decálogo para la reconciliación, el cual tiene sus raíces en la Exhortación Apostólica Reconciliación y Penitencia del Papa Juan Pablo II; monseñor Alberto Giraldo Jaramillo tomó este texto y lo desglosó en 10 experiencias que permiten a las personas comprender qué es el perdón y reconciliación y cómo pueden aplicarlo a su vida personal.

 

Estas experiencias se han difundido en nuestra ciudad y fuera de ella (otros municipios), ya hemos trabajado con mas 5.500 personas, buscando "contagiar" a la gente de este nuevo estilo de vida y tenemos fe de que cada persona que la vive, ahí en su pequeño entorno la puede difundir.

 

Estamos convencidos que caminando juntos con aquel que se convirtió de víctima a victimario, y donde se ha utilizado la venganza como salida, se necesita iniciar un nuevo camino que brinde la realización personal, la sanación y un nuevo comienzo; ese camino es perdonar y reconciliarse.


 

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